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jueves, 13 de octubre de 2011

El estudiante del siglo 21

A veces me pongo a recordar mis distintas etapas como estudiante. Recuerdo por ejemplo que cuando iba al liceo, yo simplemente me sentaba en mi lugar y esperaba a que el profesor expusiera su clase y me dijera qué se suponía que debía estudiar para la próxima clase y en qué página del libro lo encontraba.
No fué hasta que llegué a cuarto año de liceo y tuve un profesor de historia que era un maestro en despertar el interés y la motivación de sus estudiantes que me comprometí en serio con un proyecto. En esa época yo tenía una computadora en mi casa, pero no usaba Internet. Así que cuando tuve que buscar material de Martin Luther King, me tuve que recorrer a pié varias librerías de 18 de julio, hasta que dí con un librito muy lindo sobre la vida de aquel gran pacifista.
Al final el trabajo me quedó bastante bien y no recuerdo haber hecho otro esfuerzo similar durante la época liceal.
Después hice cursos de Comercio en la UTU, tuve un breve pasaje por la facultad de ingeniería y hasta llegué a hacer un par de cursos en la ORT, antes de empezar a estudiar en INET mi Profesorado.
Recuerdo bastante bien cada etapa y recuerdo lo que yo pensaba de los distintos profesores que tuve. Incluso recuerdo las expectativas que tenía. Yo siempre esperaba ver una "gran clase magistral". Y eso me acompañó hasta el primer año de INET inclusive.
Pero cuando llegué a segundo año, en psicología de la educación, volví a tener a una profesora diferente. Que me enseñó otro estilo de dar clase, otra manera de aproximarme al conocimiento. Otra forma, mucho más comprometida. Ella nos proporcionaba de gran cantidad de material, que podíamos encontrar en forma de fotocopias, documentos electrónicos que nos pasaba por mail, incluso enlaces a diversos sitios web. Era prácticamente imposible procesar aquella cantidad de información. Pero la idea no era leerla toda, la idea era proponer temas de interés. Temas que nos interesara abordar, investigar sobre los mísmos y realizar una presentación oral.
Al principio pesnsé, como muchos de mis compañeros, que lo que estaba pasando era que la profesora no quería dar clase y con proponía esos trabajos para zafar. Pero qué equivocado estaba, ya que desde que preparé el primer trabajo, las cosas funcionaron de maravilla. Si nosotros hacíamos lo que teníamos que hacer, es decir preparar la clase. Teníamos un espacio para exponer todo lo que habíamos podido preparar, pero al final la profesora nos hacía las correcciones pertinentes y nos daba una orientación que luego de haber estudiado el tema resultaba muy, muy buena. Luego de eso nos pedía que para la próxima elaboraramos un informe escrito, que deberíamos entregar y sería el trabajo por el que recibiríamos la calificación.
Esa fué la primera vez que vía a alguien hacer algo similar a lo que podría ser el conectivismo (no exactamente igual). Después de eso entendí que yo también podía comprometerme en el proceso de construir mi propia educación y que podía juntarme con otros y realizar intercambios valiosos que cada vez me aportaran más y más.
En definitiva creo que el espíritu del conectivismo es fomentar en el estudiante las ganas de participar de su propia formación, dárle la posibilidad de que el mismo contribuya y participe de su proceso de aprendizaje y que se enriquezca más y más. Y en los tiempos que corren, dónde estamos rodeados de nuevas tecnologías y cada vez nos resulta más sencillo acceder a la información, manejarla, procesarla y compartirla. Creo que todos tenemos que apuntar en esa dirección, todos tenemos que ser mediadores, hay que acercarle el conocimiento a los estudiantes pero de una manera distinta a como nos lo acercaron a nosotros. Tenemos que estar ahí, pero desde otro lugar. Para orientar, para destrancar, para corregir cuando detectamos que han errado y también para dar cuando la situación lo requiera una clase magistral, pero sin olvidar que lo realmente importante es estar ahí para guiar al estudiante en su propia aventura del conocimiento.

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